RSC y gobernanza empresarial

El Observatorio de RSC realizará el 5 de febrero un nuevo debate “Diálogos para la Acción” sobre la Gobernanza en la empresa. El debate será abierto a quién desee participar, aunque estará iniciado por tres ponentes. La base del debate será el documento que el propio Observatorio de RSC ha realizado y que es fruto de un taller de trabajo interno con especialistas en la materia.

La palabra Gobernanza es nueva entre los conceptos determinantes de la cultura empresarial y suena, si no se ha escuchado antes, con cierto toque de barbarismo, como una palabra un poco “gorda”. Pero esta impresión se deriva del primer contacto pues, posteriormente, convoca mensajes positivos referidos a una nueva forma de gobernar la empresa. Como la palabra es nueva y también lo es el concepto de responsabilidad social aplicado a la empresa se tienden a unir, inconscientemente, ambos conceptos. Y la reacción posterior, al encontrarse con la palabra, es positiva. Porque se asocia a una forma específica de gobernar la empresa. Entendiéndola como un todo, global, que afecta a toda la forma de gestionar la empresa (no una dirección departamental), y que tiene que ver con comportamientos respetuosos con las personas y al medioambiente. Gobernanza hace referencia a un comportamiento cultural cercano a la responsabilidad social, por el que se dirige la empresa. Lo que se refuerza si se busca en el diccionario de internet de la RAE el significado de la palabra gobernanza, que tiene dos acepciones: 1. f. Arte o manera de gobernar que se propone como objetivo el logro de un desarrollo económico, social e institucional duradero, promoviendo un sano equilibrio entre el Estado, la sociedad civil y el mercado de la economía. 2. f. ant. Acción y efecto de gobernar o gobernarse.

La frustración surge cuando se avanza en el concepto y se percibe que la normativa española, que lo regula, reduce eso que creíamos que era una forma global de gestionar y lo centra en que los gestores (directivos) han de proporcionar a los inversores (accionistas) información clara y transparente (y uno se pregunta: ah, ¿pero no era así?) sobre temas específicos de la gestión. Tan específicos como, por ejemplo, la necesidad de informar si hay negocios entre la empresa y alguno de los gestores, sobre la remuneración de éstos, sobre los posibles riesgos que pueden afectar a la empresa… No entrando en esos riesgos temas tan importantes como el clima laboral o la acción empresarial en el entorno que puede generar desafección social respecto a sus productos por insensibilidad medioambiental.

Regular lo obvio (por ejemplo, que se han de dar datos transparentes y fiables) hace sospechar de errores en su realización, por los que aquello que debería de ser transparente no lo es tanto. Si lo fuera no sería necesario regularlo. Hace pensar que la picaresca ha tomado posesión en la cultura de gobierno y es preciso regular los límites de esos comportamientos pícaros. Esta sospecha se profundiza cuando no se sabe qué ocurre con las empresas que no hacen informe de gobernanza, obligatorio para las empresas cotizadas.

Estas sospechas, insisto en la palabra sospecha, hacen divergir los conceptos de gobernanza y RSE, que, en la primera impresión, parecían converger. Es ahí cuando se plantea la necesidad de pensar en el contenido de lo que se quiere decir con la palabra gobernanza. Este es el fondo del debate que el Observatorio de RSC quiere plantear. ¿La RSE y la Gobernanza son conceptos integrados? Es más, supongamos que el informe de Gobernanza que lo hacen todas las empresas del IBEX cumpliendo lo que está regulado, ¿significará que esas mismas empresas se han tomado en serio la RSE? No es evidente una respuesta positiva.

Si no es evidente, ¿significa que las empresas deberían hacer un Informe de Gobernanza, otro de RSE, el tradicional financiero…etc.? No se propone esto desde el Observatorio de RSC, sino integrar todos estos informes en uno pero que sean seguidos y verificados por los supervisores correspondientes. Es preciso asegurar la veracidad en toda la información de la empresa.

Ello no es neutro, pues, si se consiguiera todo lo que se plantea, los auditores deberán tener comportamientos perfectamente coherentes y la regulación que les afecte deberá contemplar esta exigencia. Y, lo que es más importante, los hasta ahora llamados grupos de interés (stakeholders) deberán ser reconocidos en la cultura empresarial como algo más que grupos externos a la actividad empresarial, pues sufrirán directamente las consecuencias de una buena o mala gobernanza empresarial (incluso más que algunos accionistas) por ser afectados de forma esencial en sus proyectos personales (trabajadores), o empresariales (proveedores) o a la salud del entorno (respeto medioambiental).

De todos estos temas se debatirá en el coloquio “Responsabilidad Social Corporativa y su implicación en la gobernanza de la empresa” dentro de los coloquios Diálogos para la Acción, el próximo 5 de febrero en ICADE, c/ Alberto Aguilera 5.

El evento está abierto al público pero es imprescindible inscribirse.

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